EL DÍA MÁS HERMOSO
"Si el pasado insiste, es por la ineludible exigencia vital de activar en el presente sus gérmenes de futuros enterrados." Walter Benjamin
En carta fechada el 23 de junio de 1981, Mirta Cubas, entonces presa política identificada con el número 286, le escribe desde el penal en Montevideo a su hermana Elsa, exiliada en Canadá. Le cuenta que su cumplimiento de pena ya tiene fecha y se avista en el horizonte cercano la conquista de su libertad definitiva. Le pide un par de botas de cuero con tacos bajos y comenta que mamá quedó en llevarle lana para hacerse un buzo y un saco. Insiste en que se queden todos tranquilos, y concluye: "Espero que ustedes estén bien. Los beso y abrazo muy, muy fuerte." Sin firma al pie de hoja única, agrega en lugar de su nombre, un último pensamiento: "El día más hermoso aún no lo hemos vivido".
Mirta Cubas, integrante del Partido Comunista de Uruguay desde los años 1960, es una de las cuatro tías paternas de la coreógrafa y artista uruguaya, Tamara Cubas. La reflexión acerca del día más hermoso emerge de una imagen que le visita en un sueño recurrente. En el sueño, Mirta recuerda una gran pradera verde bañada de luz donde se van encontrando todos, primero los más íntimos, luego los más cercanos, hasta llegar a los que compartían vínculos menos estrechos, y así sucesivamente de modo que el paisaje se va ensanchando cada vez más como un embudo puesto al revés. Acompaña la amplitud expansiva de esa pradera feliz un gran final de ópera.
DESCRIPCIÓN
Tamara toma parte de la frase que cierra la carta de Mirta para titular esta exposición. Más que una muestra de obras de arte, El día más hermoso es fruto de un proceso de investigación sociológica, estética, afectiva, histórica y filosófica, que la artista inició hace cuatro años con cinco de los seis hermanos Cubas que aún viven. Omar Cubas desaparece en 1975, no quedan huellas. Su ausencia abre huecos a lo largo del tiempo que se van llenando de vacíos, diferentes para cada uno de los familiares.
Los cinco hermanos Cubas mantienen correspondencia constante durante la dictadura cívico-militar uruguaya (1973-1985), desde los diversos destinos de exilio de cada uno, y en el caso de Mirta, desde la cárcel. Tamara comienza juntando, escaneando, inventariando e interviniendo esas cartas, acciones que constituyen los primeros gestos de aproximación a una historia de difícil acceso.
FICHA TÉCNICA
Tipo: Exposición Individual
Lugar: Museo Blanes, Montevideo
Fecha: 13 de septiembre al 14 de octubre de 2012
Artista: Tamara Cubas
Curaduría: Verónica Cordeiro
Director del Museo: Gabriel Peluffo
CONTENIDO DE LA EXPOSICIÓN
El día más hermoso reúne un conjunto de doce obras, entre:-
Caídas — Querida Mary, Querido Luis — El agujero y la bala — Escenas para la película — Últimas cartas — Hermano — Sigo cosiendo en la fábrica — Escritura fugaz — El día más hermoso aún no lo hemos vivido
Videos / Series fotográficas / Facsímiles de documentos originales intervenidos / Dibujos- / Manuales- Afiches- Instalaciones in situ
La reconstrucción del pasado se presenta como una nueva construcción del presente, bajo la luz de una revisitación acompañada, del ayer. Desde la perspectiva de diversas vivencias personales y generacionales, y en un proceso de larga e intensa creación colectiva, Tamara percibe la necesidad de trascender la estructura temporal lineal que ha determinado el abordaje clásico hacia la escritura de la historia en la cultura occidental, permitiendo el flujo morfológico de la memoria, y de su presencia modificadora en el presente.
METODOLOGÍA DE TRABAJO
En el transcurso de todo este proceso de investigación, Tamara lleva estrategias visuales a la danza (Actos de Amor Perdidos, Sala Zavala Muniz, Teatro Solís, 2011 y 2012) y a su vez, desde las artes escénicas alimenta su archivo en continuo progreso. Tamara desarrolla dos modalidades de trabajo:1. Recurre a testimonios familiares, documentos históricos, cartas, en el plano de lo real2. Paralelamente, van surgiendo en un plano ficcional, estudios visuales, dramatúrgicos, coreográficos y audiovisuales como recursos creativos activadores de la memoria
TEXTO CURATORIAL
Verónica Cordeiro, Curadora, agosto 2012
El hacer artístico surge entonces en cuanto necesidad de proveer una plataforma para el habla en su forma más primitiva, es decir, la enunciación. El arte surge por necesidad, y se descubre en el contacto indisociable entre forma y contenido.
¿Cómo pensar lo individual hoy, versus el sentido de colectividad del ayer? Tamara emprende una incursión hacia un pasado reciente y profundamente determinante en el imaginario uruguayo, y en su caso, un pasado aproximado aún más por vínculos familiares directos, como forma de adquirir mayor comprensión sobre nuestra vida hoy, sobre nuestra era. Son formas de ser y de estar tan diferentes, y lo único que nos separa es una generación. Pensar los binarios que nos caracterizan: lo ideológico versus lo material, utopías modernistas versus la fragmentación y plurivalencia de la era postmoderna.
"Nosotros somos la generación bisagra entre ellos y la que ahora viene a tomar el mundo," dice Tamara, y sin embargo, "esa generación", la generación de la dictadura, nuestros padres, "todavía nos define".
ANTECEDENTES
La investigación empezó en 2008. La hermana de Tamara, para un documental, comenzó a indagar sobre la familia y su relación con la dictadura, sobre todo sobre un tío desaparecido. El disparador inicial fue una foto que su tía Mirta le dio: cuando había caído en el penal le habían sacado todas sus pertenencias y a la salida, después de ocho años, lo único que le devolvieron fue su cédula y esta foto en la que aparece Tamara de dos años, y que atrás dice "para mi tía que la quedé esperando en Navidad".
FOTOS
VIDEO
TEXTOS
El archivo en escena
El Museo Blanes alojará una instalación sobre la dictadura con fuerte impronta personal.
Riccardo Boglione11 de septiembre de 2012
Tamara Cubas.
Foto: Pedro Rincón
-En los últimos años se te ha visto sobre todo en producciones de danza y sos egresada de Bellas Artes. ¿Cuál es tu recorrido en el ámbito creativo?
-Estudié Bellas Artes paralelamente con danza. Para la parte visual, mis experiencias artísticas tienen que ver con el video, con la performance, pero de un tiempo a esta parte he desarrollado profesionalmente la rama de las artes escénicas y la danza, profundizando esa faceta, de la que además vivo. Antes utilizaba mucho el video, por ejemplo hacía video-danza mezclando las dos cosas, pero en un momento entré en conflicto con el medio y lo dejé. Ahora lo retomé, de hecho en esta instalación hay videos, así como fotografías, objetos.
-El día más hermoso habla de la dictadura. ¿Cómo surgió la idea y en qué consiste?
-La investigación empezó en 2008. Tengo una hermana que, para un documental, empezó a indagar sobre nuestra familia y su relación con la dictadura -sobre todo sobre un tío desaparecido-, así que yo también empecé a dar vueltas alrededor de eso, a hacerme preguntas. De todas formas, he ido más allá, en ese comienzo, de la cuestión del tío. Tengo una tía, muy involucrada en el proyecto, que un día me da una foto y me dice que me pertenece. Me cuenta que cuando había caído en el penal le habían sacado todas sus pertenencias y que a la salida, mucho tiempo después, lo único que le devolvieron fue su cédula y esta foto en la que aparezco yo, de dos años, y que atrás dice “para mi tía que la quedé esperando en Navidad”. Me parecía muy loco que sólo le hubieran entregado eso, luego de ocho años, que sólo eso hubiera trascendido el tiempo y todo lo que pasó. Surgen las hipótesis, las preguntas, y me empieza a seducir ese territorio. Nosotros fuimos exiliados en Cuba, toda mi familia durante casi una década dejó de verse, entre presos, exiliados, desaparecidos. Estaba también el hecho de ser hijo de militantes, tener el peso de ser hijo de una generación que hacía todo para un ideal, ser criado a partir de determinados paradigmas de pensamiento que no concuerdan con un mundo que ha cambiado totalmente. Estas cosas siempre están en tensión, sobre todo la dicotomía individual/colectivo, el poner en juego el universo personal en pos de un objetivo común, la noción de futuro, el presente como mera herramienta de lo que vendrá. Mi búsqueda tiene que ver con eso… qué pasa con uno ahora, más que con el pasado. Los procesos artísticos son para mí investigaciones sobre temas que me interesan. Tienen que ver, en última instancia, con dónde está uno ahora, dónde está mi generación. Quería escapar de un “discurso”, que nunca es fácil y más cuando hablás de cosas trágicas.
-La primera cosa que quise hacer fue recopilar objetos. Y me di cuenta de que no había objetos, por una razón u otra no quedaron. Así que tuve que trabajar con anécdotas, recuerdos de quien vivió los hechos, pero tampoco quería simplemente recolectar datos. Empecé a encontrarme con estas personas, en relación a este tema, pero desde otro lugar: elaborando y produciendo desde el hoy. Por ejemplo, le preguntaba de qué puntos de la ciudad tenían recuerdos de la época, íbamos juntos, ellos sacaban fotos, etcétera, estrategias de este tipo. Al poco tiempo me invitaron a una residencia artística en Brasil y me tuve que alejar, algo contradictorio: en el momento en que más me estaba involucrando con mi tía y con mi padre en el proyecto, me tuve que ir. Pero aproveché para poner mi cuerpo en relación con el tema, ponerme en sintonía con él, a veces ejercicios sencillos, pensando “tengo la misma edad de cuando a fulano…”, cosas por el estilo. Fui acumulando “series” -por ejemplo tal ejercicio con cada uno de ellos, fotos, etcétera-, creando un gran archivo de estas series. Alguien me dijo que de repente la obra era eso, el archivo. Y es así, no hay una síntesis, es más una acumulación. Cuando se constituyó como proyecto fui buscando financiaciones y en un momento se desprendió una parte del trabajo en una pieza escénica. Ahí nació Actos de amor perdidos.
-Que también aportó a la muestra...
-Exactamente, del archivo surgió Actos... y Actos... introdujo elementos nuevos al archivo. Luego de que conseguí la financiación, me relacioné con la curadora, Verónica Cordeiro, alguien que maneja espacios expositivos, que es totalmente diferente de lo escénico, sobre todo por lo práctico. Cordeiro me ayudó también a mantener una distancia con el material que, de última, es muy íntimo. De hecho, en la primera entrevista que tuve con Gabriel Peluffo, director del Blanes, él me preguntó “¿por qué pensás que una cosa tan personal tenga un valor público?”. Es una pregunta muy acertada y que me hago todo el tiempo, pero la curadora me ayudó en este sentido, en la relación entre lo personal y lo público.
-¿Cómo le contestaste a Peluffo?
-Simplemente empecé a mostrarle piezas de la instalación….
-¿Cuál fue la participación que tuvieron tus parientes?
-Formaron parte del proceso creativo. Mi tía Mirta, que fue la más involucrada, venía y me traía ideas o datos diciéndome que me podían servir. Una vez, por ejemplo, me habló de los muros blancos. Si de mañana aparecía un muro blanco, significaba que algo había pasado, había habido una pintada y alguien la había blanqueado. Quiero decir que entró completamente en el proceso artístico, incluso invitando amigas que eran compañeras del penal.
-¿Por qué ese título?
-Viene de una carta que Mirta le mandó a otra tía, exiliada en Canadá. Las dos escribían cartas hermosísimas, de mucha tristeza las de Canadá por el trauma del exilio, mientras, curiosamente, las de Mirta eran cartas más esperanzadas. En una de ellas, mi tía concluye diciendo que “el día más hermoso aún no lo hemos vivido”. Más allá del alto nivel poético, resume la ideología de la época, quería decir “no lo hemos vivido porque todo eso que estamos pasando sirve para un cierto futuro que le da sentido a todo”. Incluye una noción de futuro y de pluralidad. Va a llegar y es colectivo. Me llama mucho la atención, sobre todo visto desde la contemporaneidad, donde vivimos sólo en el presente, y la idea de lo colectivo cambió radicalmente. De eso nació otra pieza de danza, Multitud, que presenté en México, sobre esa idea de multitud, allí filtrada por la lectura de algunos filósofos italianos contemporáneos -Paolo Virno, Toni Negri- que se interrogan sobre el relacionamiento de la gente luego del fracaso de aquellas ideas.
-Pasaste del espacio escénico, con sus códigos, al museístico, con otros códigos, que tienen puntos de contacto, pero también son inmensamente distintos. ¿Cómo fue la transición?
-La escena nunca se termina y vos la vas armando con el espectador, la vas amoldando con el correr de las funciones. En una sala de museo o galería, lo armás y queda así. Claro que estoy encantada con lo nuevo, ir a la marquería o a la imprenta, decidir la colocación de las piezas, genera un movimiento en mí que me interesa mucho. De todas formas es un poco estresante por eso que te decía, una obra escénica una vez estrenada empieza otra vez, va cambiando de forma, mientras que acá todo es fijo. El hecho de que algo quede fijo me desconcierta. En algunas cosas la idea de un cambio posible persiste, por ejemplo hay dos piezas que son obras que ya sé que irán creciendo, series que seguramente seguirán luego de la exhibición. Es un desafío.
-¿Cómo ves el arte en nuestra sociedad? ¿Tiene todavía un rol social activo, si es que alguna vez lo tuvo?
-Yo siempre me pregunto por qué estoy haciendo eso. ¿Qué sentido tiene?. Y también qué función tiene el arte. Ha venido adaptándose a la realidad, creo, y por suerte hoy en día en el arte todo vale, uno puede usar lenguajes e instrumentos de todo tipo. A mí me interesa que el arte dialogue con la contemporaneidad y eso se ve más que en los contenidos, en las herramientas que utiliza. Nada nuevo, ya Walter Benjamin en 1929 pedía un cambio al artista en su forma de producción, no en las proclamas. Creo en el arte como una forma de relación, el hecho de trabajar con mi familia se puede leer en este sentido y diría que lo que más me interesa es un arte que cuestiona su relación con el “otro”. Te podría citar el “arte relacional” o el “teatro posdramático” que no son movimientos, más bien posturas que marchan en esa dirección. En definitiva, me interesa cuando el arte pierde su aura, su distancia con el público. Ya uno no puede subirse al pedestal y decir “vamos para allá”, en esto está la diferencia con la modernidad, no está en pie, hace agua.




