OFRENDA PARA EL MONSTRUO
Youth is a collision of past, present and future. A permanent imbalance that pushes us to explore the edges of existence. It is also a zone of dispute between established discourses and those struggling to emerge.
The stage is set in that moment of passage. A group of bodies crosses the threshold between institutional formation and their appearance in the social sphere as subjects beginning to exercise their citizenship. In that movement a shared power unfolds. On stage, a collective presence begins to take shape: the monster, a figure born from the encounter between singularities.
DESCRIPTION
The work develops from an intensive process with young people from each place where it is presented. The project invites participants aged 18 to 24, people in the moment of transition between the end of their education and their entry into social life.
The work is organized as a one-week creation workshop. During that period the group moves through a series of physical and relational practices that gradually build the scenic structure of the piece.
Throughout the process the bodies explore different forms of collective organization, relations of proximity and distance, tensions between the singular and the group, and ways of being present in space. From that work emerges a scenic score made of actions, trajectories and configurations of the ensemble.
The piece culminates in a public performance in which the group passes through different states of collective organization. Along that path the figure of the monster takes shape as a shared presence arising from the encounter between bodies.
Each edition of the project is built in relation to the context in which it takes place, integrating the experiences, imaginaries and questions of those who take part.
CREDITS
Direction and creation
Tamara Cubas
Lighting design
Daniela Fressard
Participation
Young people aged 18 to 24, recruited in each city
Approximate running time
60 minutes
Work process
One-week creation workshop
Language
Multilingual
PERFORMANCES
2022
Brussels — P.A.R.T.S., Belgium — April
Amsterdam — Julidans Festival, Netherlands — July
2023
Santiago — Festival Santiago a Mil, Chile — January
Zurich — Zürcher Theater Spektakel, Switzerland — August
Vernier / Geneva — Festival La Bâtie, Switzerland — September
Cádiz — Cádiz Ibero-American Theatre Festival (FIT), Gran Teatro Falla, Spain — closing performance
2024
Antwerp — deSingel International Arts Centre, Belgium — March
INAE. Montevideo — Uruguay. May
2025
Thessaloniki — International Forest Festival, National Theatre of Northern Greece — May
Madrid / Móstoles — Festival de Otoño de Madrid, Spain — November
PHOTOS
TEXTS
Tamara Cubas relanza el Festival de Otoño con un gran acto de liberación colectiva
Pablo Caruana Húder Actualizado el 25/11/2025 10:48 h
English summary (AI-generated): A review by Pablo Caruana Húder, published in the Spanish newspaper eldiario.es in November 2025, of Ofrenda para el monstruo at the Festival de Otoño de Madrid, performed by 29 young people at the Teatro de Móstoles and the Teatros del Canal. He situates the piece within Cubas's wider career, from her works on Uruguay's political memory to Multitud, and describes it as a ritual of collective liberation in which physical actions pushed to exhaustion turn a uniform mass into a heterogeneous multitude. The review also reports the participants' pre-show statement about not being paid, together with the festival's response, and argues that the piece was one of the strongest of the season and of this edition of the festival.
The full text continues below in its original Spanish.
Representación de 'Ofrenda para el monstruo' en Chile Festival de Otoño
Sobre el escenario de la sala grande de los Teatros del Canal se vivió un puro ritual de liberación colectiva. La pieza, Ofrenda para el monstruo, es uno de los trabajos que Tamara Cubas, la creadora uruguaya, realiza a través de talleres con jóvenes. Una obra que ya ha estado en medio mundo y es un verdadero festival de cuerpos tan anónimos como políticos, tan diversos como comprometidos. La energía comunal que fueron capaz de generar desbordó el teatro y convirtió por unos momentos la Sala Roja de los Teatros del Canal en una plaza pública donde esa pregunta tan manoseada y tantas veces repetida, ¿pero los jóvenes qué piensan, qué quieren?, estuvo siendo respondida a cada instante.
Tamara Cubas (Uruguay, 1972) lleva años desarrollando un contundente trabajo en torno al cuerpo y a lo colectivo que le ha llevado a ser una de las artistas uruguayas más internacionales y a estrenar en festivales como Avignon en Francia o el Kunsten en Bélgica. Vimos su Trilogía Antropofágica en las Naves de Matadero en 2018 y su espectáculo Multitud en el Festival Salmon de Barcelona. También su faceta como artista plástica y visual ha pasado por la Casa Encendida o el Festival Iberoamericano de Cádiz.
Esta uruguaya es multifacética, inquieta como ella sola. Ahora ha levantado un museo al norte de Uruguay, ya con la frontera con Brasil, en la región maderera de Rivera. El MUMA, un museo y centro de creación desde donde seguir percutiendo bajo un mismo motor: el deseo de lo colectivo. Generar, promover y articular espacios para pensarse juntas es su lema.
Tamara Cubas creció en el exilio, en Cuba. No pudo regresar a su país de origen, Uruguay, hasta que acabó la dictadura cívico-militar en 1985. Parte de su trabajo ha estado dedicado a la memoria política de su país. Trabajos como La patria personal o Actos de amor perdido abordan esa faceta. Ella misma es sobrina de un desaparecido y pertenece a esa generación que tuvo que asimilar y comprender las consecuencias de la dictadura, los silencios y las ausencias.
Momento de la representación de la obra de Tamara Cubas en Chile Festival de Otoño
Ofrenda para el monstruo es hija de una obra anterior estrenada en México en 2019 con 80 intérpretes en la plaza Manuel Tosla, Multitud. Y Multitud es una reacción a ese teatro que versaba directamente sobre el pasado de su país. En un momento dado Cubas decide no trabajar sobre el pasado, sino producir en el presente, buscar espacios para estar con el otro compartiendo y produciendo, dejando que el pasado surja.
Antes de entrar al espacio, los espectadores pudieron ver una especie de altar con objetos, escritos y dibujos que los intérpretes habían colocado allá para, según el programa de mano, “alivianar el ser”. “La obra es un ritual entre ese viejo cuerpo y el nuevo cuerpo que aparece”, afirmaba el mismo folleto. Un ritual previo al ritual escénico que se convirtió en manifiesto político: “No nos pagan”, gritaba una escritura a lápiz que alguno de los participantes había escrito sobre un papel que reproducía partes de la resolución de la Dirección General del Trabajo del 24 de marzo de 2023 por la que se regula el convenio colectivo de la contratación de personal para los espectáculos en España.
El festival de la Comunidad de Madrid ha informado a este periódico que los participantes firmaron un papel en el que aceptaban ser miembros del taller escénico impartido por Cubas, que era gratuito para ellos, y participar sin remuneración alguna en las representaciones que se han dado en el Teatro de Móstoles, primero, y los Teatros del Canal después. De todos modos, el prefacio desveló y puso sobre el tapete algo consustancial a los jóvenes de hoy en día: la precariedad, la dificultad de acceder dignamente al mercado laboral, la incapacidad para acceder a la vivienda… Todo un conglomerado de circunstancias que socialmente conforman su realidad de ciudadanos del presente.
Sin embargo, en la propuesta de Cubas todo eso se deja atrás una vez se entra al espacio. Como si de un ritual se tratase todos auparon a dos de ellos para colgar en el centro del espacio una bola de discoteca, un ojo central y reflectante que inauguraba un espacio nuevo con sus propias reglas. Un espacio comunal, horizontal. Ellos bailarán, accionarán, correrán, se cambiarán de vestido, interactuarán con el público, gritarán, cantarán. Cubas tan solo pondrá en marcha un dispositivo para que ellos lo hagan propio y lo manejen.
Momento de la representación de la última obra de Tamara Cubas en Chile Festival de Otoño
El dispositivo es físico, todo parte de acciones generadas desde el cuerpo. Acciones que se llevarán al límite, a la extenuación, al cansancio. Y en ese hacer expandido todo va cogiendo volumen y se pasa de la masa a la multitud, de la uniformidad a lo heterogéneo. Una individualización que surge del dejarse afectar por el otro. Eso es quizá lo más bonito del trabajo de Cubas, que es a través de lo colectivo que surge la belleza en cada cuerpo.
Hay un momento brillante en la pieza que se consigue con una simple acción. Los intérpretes mueven la cabeza de un lado al otro. Pero lo harán durante más de veinte minutos. Cada uno decidirá cómo hacerlo, cada cuerpo, cada persona, acoge esa acción mínima y la desarrolla como quiere. Pasado diez minutos, cuando llega el cansancio, pero el grupo decide seguir juntos, nace una luz de individualidades que se llena de significaciones abiertas. Y ese teatro lleno de jóvenes meneando la cabeza de un lado a otro, con pieles, corte de pelo, cuerpos y energías bien diferentes, se convirtió en un altavoz claro y potente de cómo siente, padece y desea esta generación ya nacida en el siglo XXI.
La función terminó en espiral ascendente. Durante más de media hora todos estos jóvenes corrieron en círculo. Una carrera metáfora donde mientras llegaba el cansancio, bebían, comían yogures, invitaban al público a correr con ellos, cantaban y se ayudaban los unos a los otros para resistir. Como espectador, poco a poco, ibas distinguiendo en esa culebra circular, rostros, energías propias, descubrías a una pequeña latinoamericana que corría con todo su continente a las espaldas, podías apreciar como la fragilidad tímida de otra participante se iba convirtiendo en determinación compartida. Una maravilla de individualidades juntas unidas por los cuerpos y los sonidos de las pisadas y las respiraciones.
Hace un mes hubo otro estreno, Nadie sabría decir lo que puede un encuentro, en el Festival Surge en Madrid. El teatro Replika se llenó de la fuerza centrípeta y arrolladora de una coreografía para 14 intérpretes, todos también muy jóvenes, dirigidos por la chilena Javiera Paz y Manuel Egozkue. Si bien son dos propuestas disímiles, ambas parten un trabajo desde el cuerpo que cobra sentido en lo colectivo. Ambas contienen de la fuerza de una juventud heterogénea, diversa y bien híbrida que nos interpela.
Estas dos propuestas han sido de lo más interesante de toda la cartelera de la actual temporada. Sería bueno que este tipo de propuestas tuvieran un mayor espacio. Tanto estos jóvenes de Ofrenda para el monstruo como esa pieza “punkarra” y disruptiva de Paz y Egozkue que tan solo pudo verse dos días sobre los escenarios, nos están hablando de una generación que llega con otros ojos, con otra sensibilidad social y escénica. Quizá, valdría más la pena darles el espacio en vez de estar continuamente preguntándose qué le pasa a esa juventud a la que tan asiduamente se trata de desmemoriada y reaccionaria.
Es muy significativo que quienes hicieron posible una de las mejores propuestas de este irregular Festival de Otoño no figuraran ni en el programa de mano. Ellos son: Pablo Biyurami, Alba Tesías, Juan Jiménez Gialó, Saúl Olarte, Arantxa Coll, Cele Robles, Neus Ferrer, Ada Rivera, Natalia Leal, Elena María Olías García, Alonso Rosón, Agata Hugentobler, Lur Eizaguirre, Natalia Arrebola, Nacho Maseda, Alejandra Valles, Tania Díaz, Amaya Rodríguez, Alba Cavero, Manu Serra, Marina Gayo, Nora de Abia, Mercedes Borges, Mia Monplaisir, Rubén Tamarit, Nara Gómez, Elena Olías García, Lucía Ccorimanya y Celia Pírez. Nombres que en un futuro muy próximo serán quienes den sentido y llenen de vida los teatros de este país.